Orange emitía ayer un comunicado de prensa en el que rompía los precios en el mercado español de telecomunicaciones, con una oferta combinada de ADSL 20 Megas más llamadas más televisión digital más alquiler de línea de teléfono por sólo 34.95 euros al mes, casi 5 por debajo del tradicional low-cost existente hasta ahora, Jazztel.

Una oferta tan atractiva que a buen seguro le permitirá atraer una marea de usuarios desde otras operadoras, pero con una limitación importante: Orange no cubre todo el territorio nacional y ahí donde lo hace, sus líneas no permiten contratar las velocidades más altas propuestas.

Algo parecido a lo que le ocurre a ONO, lo cual limitó de manera importante su expansión cuando anunció la televisión digital integrada en un sólo paquete el año pasado.

Las operadoras conocen esta circunstancia y probablemente Orange no disponga más de un 20-25% de sus líneas con capacidad para soportar este paquete conjunto. En cuyo caso, está claro entonces que la intención del anuncio es más pura operación de imagen que algo que se pueda plasmar en una realidad para muchos usuarios. Lo cual lleva a la siguiente pregunta: ¿es lícito proponer servicios para los que la infraestructura general de la compañía no está preparada más que en una reducida proporción?

¿El anuncio lo hace Orange pensando en vender productos alternativos a la avalancha probable de gente que llame interesándose por el paquete, y que no puedan contratarlo por falta de capacidad de la línea?

Esto me recuerda peligrosamente a la tan empleada estrategia en la industria del automóvil de proponer en catálogo coches con unos precios imposibles y de los que sólo se fabrican 10 unidades (es un decir). Para cuando la marea de clientes llega al concesionario, por supuesto ya no queda ninguno en stock, pero los vendedores les presentan otros modelos “similares” pero más caros, por supuesto.

Lo que puede pasar es que algunas veces algún cliente particularmente enfadado elija la vía judicial y ponga una reclamación en Consumo por publicidad engañosa, en cuyo caso lo que se gana por un lado en ventas, se pierde por otro en imagen. A cada empresa de elegir su estrategia, por supuesto, pero me parece una estrategia desesperada por intentar la expansión.