Es lo que se desprende del último estudio realizado por TNS WorldPanel: los pre-adolescentes y adolescentes son muy exigentes con su imagen personal, lo que se traduce en hábitos de consumo muy desarrollados ya desde una edad muy temprana.
Parte del gasto que suponen a sus familias cada año - cifrado entre 6.000 y 21.000 euros según los niveles de renta -, están empezando a constituir un nicho de mercado importantísimo para los artículo de gama alta, dada su exigencia a la hora de comprar. Entre sus categorías de productos favoritos: los artículo de higiene y belleza (cremas, perfumes, etc…, individualizados ya que rechazan compartir con otros miembros de la familia) y los aparatos electrónicos.
Otros adjetivos atribuidos a este colectivo, según se desprende del estudio, son:
- caprichosos
- originales
- despreocupados
- despilfarradores
- exigentes hasta la intransigencia en pos de su propia satisfacción
Lo cierto es que, al mismo tiempo que suponen un segmento de mercado a aprovechar por parte de las empresas por el auge de su nivel de consumo, pueden suponer también a la larga un verdadero quebradero de cabeza dado su aparente nivel de exigencia. Quebraderos de cabeza traducidos en nivel de frustración muy bajo ante el más mínimo fallo de calidad, reclamaciones desorbitadas y un nivel de infidelidad altísimo si la marca tuviera el más mínimo problema con ellos. Ganga o riesgo, sólo a largo plazo se verá.

